Obra de Henrietta Harris

Hoy hace diez años estaba dentro de lo que los adictos conocemos como “carabanchel”. Una habitación con una cama individual y una cámara. No sé si mi recuerdo se sitúa antes o después de comer, yo ese día no comí, solo bebí las dos cervezas que supondrían mi vuelta a la casilla de salida.

Aquel fue uno de los peores días de mi vida. También fue el primero de la vida que llevo hoy. En desintoxicación descubrí lo que era el sufrimiento sin anestésicos. Aguanté. Aguanté lo suficiente como para no volver a consumir. Aprendí a manejar el dolor, a no dejar que me dinamitara por dentro. Pensé que incluso había logrado domesticarlo, que ya no sería tan intenso como lo fue antaño. Pero no es verdad, el dolor siempre es dolor y siempre hace el mismo daño.

Los dos últimos años han venido llenos de golpes. He logrado esquivar algunos pero otros me han dado tan fuerte que han dejado horribles cicatrices. Solo una vez tuve ganas de consumir de nuevo. Mi cabeza me pedía ayuda: «Dame algo, lo que sea», me decía. Parecía haber olvidado. Pero yo no olvido, no olvido nunca. La muerte no me da tanto miedo como la locura y recaer es garantía.

En esa fecha moría la única persona capaz de ver dentro de mí. La única que me dio un espacio en el que ser yo. Perderlo fue como volver a estar en la oscuridad. Negarme. Esconderme. Avergonzarme. Odiarme. Están siendo meses de hacer gala de valentía, de ignorar el miedo, de apartarlo y meterlo en el congelador para cuando lo necesite.

«¿Diez años limpia?», me ha dicho hoy un colega. Reluciente diría yo. Más limpia de lo que me he sentido nunca, lejos de aquel olor al disolvente de la coca que me mantenía en vertical. Hoy voy a celebrarlo muy alto, me iré a cenar con #morenamía y subiré un story en Instagram (aquí para verlo), ¿quién necesita más? Imagino que ella me tendrá un regalo, como cada año. Alguna cosa simbólica que me dará entre sorbo y sorbo de Coca Cola. Todos sus regalos son tesoros que llevo encima o que guardo en mi caja secreta. Creo que mi querido difunto le dejó el testigo y hoy es ella la que mira dentro de mí, la que respeta paciente, la que pase lo que pase, no tendrá miedo de quererme.

Diez años ya y nueve con ella. Eso celebro hoy.

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