Ayer fui a la radio, era mi primera experiencia en una emisora y dentro del pecho sentía como si tuviera un erizo a punto de explotar  (uno deja de consumir pero la maldita ansiedad ¡no se va!). Me acompañó mi madre y al llegar nos estuvimos haciendo fotos en plan postureo adolescente gili. Era para vernos, el técnico nos miraba de reojo atónito… “¿seguro que esta ha dejado de tomar?”, estaría pensando. Lo que fuera para eliminar los nervios. Me avisaron de que me pusiera los cascos que íbamos a empezar y respiré hondo para reducir la angustia.

–¿Oihana?, ¿estás ahí?… 3, 2, 1… DENTRO.

Y hasta el fondo que entré. La presentación fue un repaso de mi vida antes de entrar en desintoxicación. Iba oyendo hablar al locutor mientras sentía esa vergüenza ajena del que se desnuda por primera vez frente a la persona que le gusta… ¡Ese hombre lo sabía todo de mí! Efectos colaterales de mi actividad en la red, imagino. Eso es algo con lo que no contaba demasiado ¿sabéis? Resulta que uno escribe un blog y, es verdad, sabe que lo lee mucha gente, pero esa gente no puede ir más allá de la familia, amigos, amigos de amigos y personas que sufren a causa de lo mismo. Luego se planta un periodista como Ángel Expósito, te cuenta tu vida y te quedas como… ¡AGÜITA, esto se me va de las manos!

En fin, que siempre me pasa lo mismo: miedo, nervios, vergüenza… y finalmente cierta satisfacción y compensación al ver que hay personas que están sufriendo a las que les sirve el testimonio.

No me enrollo más, a quien le apetezca oírla, aquí la tiene.

Oihana Iturbide en La Cope

 

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