¡Vaya fin de semana!

El sábado se publicó la entrevista que me hizo Gemma Tramullas para su sección “Gente corriente” en la contraportada de El Periódico. La noche anterior estaba bastante inquieta, cuando me lanzo a hablar sobre mí tiendo a soltar cosas que quizá por escrito queden bastante bestias. Así que no dejaba de darle vueltas a lo que dije y no dije y a si la periodista sería todo lo sensible que un tema como este exige. Y lo fue. La verdad es que hablar con Gemma en la cafetería del CosmoCaixa, uno de mis lugares preferidos, fue toda una experiencia. Ella misma podría aparecer en su sección porque es absolutamente extraordinaria. Sus preguntas fueron respetuosas y condujo la entrevista de forma que el tránsito por mi pasado fuera bastante cómodo.

Esa noche las pesadillas volvieron a mí en forma de droga. Soñé que recaía y volvía a empezar todo ese periplo. Eso es lo que tiene recorrer capítulos oscuros de otra época. Acudes a ellos, los revisas, probablemente los transformas (así es la memoria) y terminas por ponerlos en palabras con el objetivo de comunicar la experiencia. Con lo cual revives el hecho con algunos matices distintos. La noche es para mí el encuentro con los monstruos, desde que dejé de tomar no ha habido una sola noche sin pesadillas. Los temas son siempre los mismos pero ahora, ya después de diez años, la droga no suele aparecer. Excepto si la invoco como hago cada vez que hablo sobre episodios sórdidos de mi vida.

Una amiga mía siempre me pregunta si me vale la pena, si esta exposición no me pasa factura, y lo cierto es que sí lo hace. Me pasa factura a mí y me temo que a parte de mi familia. Por no mencionar a todas aquellas personas que han vivido o están viviendo lo mismo que yo. Creo que a todos nos revuelve un poco el estómago, es inevitable. Pero sigue compensándome. Desde que salió publicada la entrevista he recibido decenas de mails de personas que no saben qué hacer para dejar de consumir. Yo no soy psicóloga ni terapeuta y me resulta muy difícil saber aconsejar, lo único que sí puedo hacer es recomendar lugares y personas con las que hablar. Profesionales de este campo que están trabajando con mucho rigor, honestidad y compromiso. No obstante, cuando doy la información, observo que siguen sintiendo la necesidad de hablar, de contarme lo que están viviendo. Creo que es porque no se sienten juzgados, ¿cómo iba a hacerlo si todo lo que me escriben lo hice yo en su momento? Es frustrante para mí darme cuenta de que no puedo dar más que unas simples líneas por mail.

Por eso os escribo hoy este texto, porque estoy segura de que tenéis alrededor a personas que están sufriendo las consecuencias de su adicción, probablemente estéis angustiados por lo que veis sin saber cómo ayudar, o teniendo sentimientos encontrados, lo normal es que nuestra familia y amigos terminen odiándonos a causa de nuestra conducta. Es lógico, nos volvemos verdaderos monstruos cuando no somos capaces de dejar la droga. Pero no tengáis miedo a decirlo. Preguntadle al adicto por qué se comporta así, hacedle saber que os hace daño pero que al mismo tiempo puede explicaros lo que le pasa. Que hable. Que vomite lo que tiene dentro. Pero que se haga consciente también del dolor que sentís vosotros. Creo que tan importante es que el drogadicto comparta su dolor como que lo haga el familiar, pareja o amigo que está sufriendo las consecuencias de este dolor.

No me gusta demasiado dar consejos puesto que cada experiencia es única pero sí tengo la necesidad de crear –qué sé yo– un lugar común donde se pueda hablar, expresar el dolor y las dudas. Un lugar donde todos seamos capaces de aportar y que sirva para aflojar un poco la angustia de esta experiencia.

Me gustaría que, si conocéis clínicas, grupos de terapia, asociaciones, cualquier recurso que os haya ayudado, me lo dejarais en los comentarios para tenerlo en cuenta a la hora de echar un cable.

Gracias por pasaros por el blog 🙂

 

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