«Y tú ¿de qué eres?» Así solía preguntar yo al prójimo si comulgaba con la izquierda o con la derecha. A mí no me daba pudor mostrar mi posición política, nunca pensé que tuviera que avergonzarme por semejante cuestión, de hecho en mi familia siempre fue motivo de orgullo decir que éramos rojos como las brasas. No me explicaba, por tanto, qué problema había con plantear la pregunta de forma abierta en una conversación entre colegas.

–Yo soy de pastillas –me contestó mi compañera de habitación.

Llevábamos tres meses ingresadas en desintoxicación y nunca, ni una sola vez, había sido capaz de reconocer que era adicta a las pastillas. Ella era una mujer de exquisita educación, todo lo elegante que le permitían las largas horas de mono y tan discreta que uno no podía dejar de preguntarse qué diablos hacía entre tanto yonki. Sin embargo, frente a mi pregunta: «Y tú ¿de qué eres?», referida a su color político, su confesión: «Yo soy de pastillas».

Inaudito.

Fue el principio de su recuperación, a partir de ese instante, pudo ser ella misma, aquella poca cosa con la que la droga no había podido todavía, pero ella misma al fin y al cabo. No le importó no decirme si era de izquierdas o de derechas, evadió la respuesta de forma elegante y se quedó tan ancha.

Estos días en Barcelona están siendo convulsos, resulta complicado no caer en la trampa del «y tú ¿de qué eres?» ¿Eres independentista? Si no lo eres ¿es que eres facha? Hay que elegir en qué posición jugar porque si no «es que tú eres de esos del centro…». Es un tema incómodo que los que venimos del norte sabemos capear bien. Casi como mi compañera con las pastillas… Qué tía. De respuesta rápida y lengua viperina. Abandonó el tratamiento hace tiempo… No sé qué habrá sido de ella…

Mi compañera nunca fue capaz de contestarme, sin embargo, sí cantó una tras otra todas sus miserias en terapia, lo mismo que yo, lo mismo que todos los que quisimos sobrevivir a la droga. Sacó a la palestra lo más ruin de sí misma, pero nunca, jamás, me dijo si votaba a los de babor o a los de estribor, eso lo consideró demasiado peligroso.

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