“Nunca pensé que la sobriedad fuera posible para mí…” Con esta frase encabezó Demi Lovato una serie de tuits en los que agradecía a sus seguidores todo el apoyo que le habían ofrecido durante sus tres años de abstinencia. “No podía estar más de treinta minutos o una hora sin cocaína e incluso la llevaba conmigo en los aviones. Básicamente la pasaba de contrabando y no podía esperar a que todos los pasajeros en primera clase se durmieran para drogarme ahí mismo…”, añadía Lovato.

El de la cantante y actriz es un testimonio más de cómo la adicción termina por convertir al adicto en un esclavo de su consumo. La mayoría hemos oído que las personas adictas a cualquier sustancia, cuando se ponen en recuperación, deben evitar las compañías y los lugares que frecuentaban. Podemos intuir que no es recomendable volver a los clubs nocturnos o a los lugares donde los traficantes les han suministrado la droga. Sin embargo, ¿qué ocurre con aquellos lugares, aparentemente seguros, donde se ha consumido? ¿Supondría, por ejemplo, un riesgo para Demi Lovato volver a coger un avión?

(Artículo completo en COMUNICAR CIENCIA)

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