Fuente: Megaphoto

Pronto conoceré a Mercè. Estoy impaciente. Hace unos meses descubrí que su forma de comunicarse partía directamente del corazón. Nunca nos hemos visto, ella comentó algunos de mis textos y yo sentí que era una mujer valiente y amorosa. Las dos virtudes que más admiro en una persona.

Pude percibir que el dolor la había golpeado más de una vez y me sorprendió no detectar nada de rencor, desesperanza o ira en sus palabras. Lo cierto es que su actitud era de profunda gratitud, gratitud hacia la vida. La misma gratitud que siento yo cada día que pasa y que es tan difícil de explicar. Yo creo que, cuando has pasado por la oscuridad más absoluta y vuelves a la vida, sientes eso, gratitud y un profundo amor por tu segunda oportunidad.

Tuve la suerte de encontrarla en este blog. Mercè apareció de repente, me escribió, y su actitud me conmovió. No había enfado en sus palabras ni autocompasión. Creo que su particular tragedia —la misma que vivimos todos en nuestro propio trayecto— sacó lo mejor de ella y, casualidades (o causalidades) de la vida, he podido conocerla (virtualmente todavía) y compartir este espacio de encuentro.

Hoy escribo sobre ella porque vuestra respuesta a sus textos me indica que vosotros también habéis detectado su fuerza vital, su capacidad de amar y su absoluta valentía; y me hace mucha ilusión saber que existen tantísimas personas con semejante empatía porque eso quiere decir que este mundo está lleno de motivos por los que ilusionarse y ser feliz.

Podemos pasarnos la vida enfadados, podemos permitir que la ira, los celos, las angustias, los resentimientos o el odio hagan de nuestros días una losa con la que lidiar; o podemos, como hace Mercè, convertir todos esos malos sentimientos en oportunidades para conocernos y rectificar. Yo, después de un fin de semana complicado, opto por la segunda opción, y no solo la elijo de boquilla sino que me la repito como un mantra o una oración con la que exorcitar todas esas emociones tan incautas como dañinas que tantas veces aparecen convirtiéndose en un recurso fácil con el que afrontar la cotidianidad. Esa cotidianidad que contiene tantos pequeños momentos con los que podemos hacer de nosotros personas felices y agradecidas.

Como he dicho, quedan pocos días para conocer personalmente a Mercè, mientras tanto me ocuparé de intentar vivir como ella lo hace.

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