emociones
Una ventana a tus emociones.

Para dejar de drogarte hay que pasar por diferentes fases sí o sí:

La primera es reconocerlo. Normalmente lo haces porque todo el mundo ya te ha dicho que no te soporta o porque todo el mundo ha desaparecido. No hay más opciones.

La segunda es ir a desintoxicación. Si tienes la suerte que tuve yo, alguien te llevará, te dejará en la habitación y te regalará una flor a través de las rejas de la ventana para decirte que te deja allí porque te quiere.

Y la tercera (y la más importante desde mi punto de vista) es la de empezar a reconocer las ganas de tomar.

Esto suena sencillo ¿verdad? ¿Cómo se van a detectar las ganas de tomar sino sintiendo ganas de tomar? Pues nada más lejos de la realidad. Yo tenía ganas de tomar sin tener ganas de tomar. ¿Cómo se explica semejante estupidez? Es fácil:

Al principio tenía muchas ganas de beber, fumar, esnifar y un montón de cosas más que suenan muy feas. Pero, a medida que pasaba el tiempo, la sed más literal desaparecía y aparecían otros síntomas que en terapia llamaban “ganas de tomar”. Ante lo cual yo, como todos, me revelaba con vehemencia: ¡Qué no tengo ganas de tomar, joder! Como veréis una refinada vehemencia.

Sin embargo, tenían razón. Las ganas de tomar venían escondidas y, si yo no las identificaba y hablaba de ellas en terapia, terminaban por llevarme a consumir. Me explico. Existen 10 (por nombrar solo algunas) formas típicas que las ganas de consumir adoptan a modo de disfraz:

  1. Enfado. Me refiero a un cabreo monumental. Unas ganas terribles de pegar a un compañero o a la siempre paciente terapeuta. Una “mala uva” injustificada que, si no se desmontaba en el grupo, le esperaba un final junto a la barra de un bar.
  2. Tristeza. Un “no valgo para nada”, “mi vida es una mierda”, “no tengo nada por lo que luchar”. Os aseguro que antes de suicidarnos, muchos de nosotros nos vamos a tomar. Yo lo hice.
  3. Líbido. Y con ella, el pensamiento: “¿Qué tendrá que ver la droga con el hecho de querer divertirme un poco?” La excitación propia del sexo es una puerta gigante al famoso “quiero más”. Ningún adicto se conforma con un revolcón —generalmente mal resuelto— de tiempo limitado.
  4. Amor. “Lo hago por mi hijo, por mi hija, por mis padres, por mi marido, por mi mujer…” Si no lo haces por ti, en cuanto tengas a tu lado a cualquiera de ellos, te tirarás a la calle a por lo ÚNICO que de verdad quieres.
  5. Culpa. ¡Oh Dios mío! ¿Qué he hecho? ¡He destrozado a mi familia! No merezco vivir. No hay nada con lo que justifiquemos mejor una recaída que con el “no me merezco el amor de nadie porque soy un monstruo”. Esto nos lleva al punto 2.
  6. Miedo. Este es el sentimiento más traidor. El que te hace llevar un tratamiento ejemplar, una disciplina militar y, a la larga, el que te roba todo el swing (como dice mi padre) necesario para manejarte en las difíciles situaciones de la vida.
  7. Alegría. Has conseguido un trabajo genial, te han dado 7 matrículas en la universidad, vas a casarte con la mujer u hombre de tus sueños, te ha tocado la lotería y… ¡¡ZAS!! ¡Cuántos motivos para celebrarlo! ¡¡¡¡Ojo!!!!
  8. Confianza. El “porque yo lo valgo”. ¿Cuántas veces hemos visto en terapia a pacientes que, al poco de ingresar, han considerado que ya todo lo sabían? ¿Cuánto tiempo han tardado en volver?
  9. Frustración. “Nada de lo que hago me sale bien”. Esta incapacidad para gestionar nuestras dificultades es muy típica en los adictos. Siempre hemos querido ser los mejores en todo y el hecho de reconocer que debemos conformarnos con ser normalitos o incluso mediocres, lanza una patada al estómago de nuestra vanidad, con la que, por cierto, en multitud de ocasiones hemos compartido largas noches de sexo, drogas y rock & roll.
  10. Rencor. El caminito del odio, como el de las baldosas amarillas, es el que nos lleva más rápido al inframundo de esos horribles seres fantasmagóricos.

Como veréis hay una época de la recuperación en la que todas nuestras emociones se mantienen en cuarentena. No podemos fiarnos de ninguna de ellas. Yo fui, sobre todo, del punto 3 y 6. Hoy me quedan resquicios del 2, 9 y 10. Sigo trabajando.

Anuncios