Carta de una amiga:

solo

«Cuando me preguntan si soy una persona rencorosa, contesto sin dudar: “No, claro que no, el resentimiento no me permite llevar una vida tranquila y hace tiempo que aprendí a perdonar”.

Sin embargo, esa es una burda mentira que me permite salir del paso, de uno muy particular, pero, en realidad, la dinámica que he utilizado para sobrevivir a sucesivas decepciones ha sido la del olvido. No he sentido odio porque tampoco he sentido un amor muy profundo. Cuando alguien me ha hecho daño, yo he pasado página, dejando atrás tanto el suceso como al responsable.

Esta forma tan propia de hacer, parecía haber funcionado hasta que la decepción, el dolor, la herida, fue causada por alguien demasiado cercano, mi marido en concreto. Entonces la trampa ha sido insalvable. Uno no se puede olvidar así como así de un marido.

Y, al no poder olvidarlo —ni tampoco amarlo—, el camino ha sido odiarlo. Odiarlo hasta que el odio y una vida en paz se han convertido en algo completamente incompatibles. ¿Qué hacer en este caso? ¿Cuál es el camino? ¿Cómo tomarlo?

Contestar es tan fácil como difícil llevarlo a cabo: solo el perdón puede aliviar tanto malestar, solo el perdón puede acercar “dos corazones que para oírse tienen que gritar”.

Me puse manos a la obra: terapia, aprender a respirar antes de cada encuentro con él, asertividad, empatía, generosidad y un millón de virtudes más que un día tenía y al siguiente desaparecían convirtiéndome de nuevo en un monstruo lleno de rencor.

Hoy escucho una charla en TED y comprendo que, para perdonar de verdad, lo importante es saber querer; querer, no solo el bien del otro, sino querer, además, al otro.

Llevo mucho tiempo queriendo perdonar a mi marido para lograr vivir con cierta serenidad, pero nunca he pensado en querer de nuevo a mi marido; es decir, perdonarle porque le quiero, porque me interesa lo que es él, porque “sin él me falta algo”. En realidad, no sé si puedo llegar a sentir eso, si el dolor puede permitirme llegar a sentir que “sin él me falta algo”.

Por otro lado, ¿qué ocurre si le perdono y vuelve a humillarme? Entonces tendré que hacer acopio de mucha humildad. En primer lugar para volver a querer su bien, pero, sobre todo, mucha más para sentir el “sin ti me falta algo”.

Vivir sin perdonarle me obliga a renunciar a un amor que quiero experimentar. Soy de la opinión, como ya he reflejado, que el perdón y el amor van de la mano y que es necesario perdonar siempre. No se puede vivir enfadado, yo no puedo. Es precioso tener la capacidad de hacer sentir a las personas que son necesarias en tu vida. Yo lo hago con muchas, tengo esa suerte y, sin embargo, no puedo hacerlo con una de las más importantes».

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