gracias

Hoy solo quiero dar gracias por haber podido recuperarme de las drogas.

Hacerlo me ha permitido vivir junto a mi abuela estos últimos años de una forma maravillosa, con serenidad y amor. Esta semana ella se ha ido y hoy le he dedicado unas palabras en su funeral. Hace cinco años probablemente habría acudido borracha, no hubiera podido soportar su ausencia y, todavía menos, hacer esta lectura:

“La amatxi nos dejó el martes y, estas últimas horas, mi cabeza se ha convertido en un remolino de recuerdos. Burguete ha sido el escenario de casi todos: el monte, los paseos hacia el río o los bosques en los que nos contaba maravillosas historias sobre enanitos que, a la noche, nos traerían chucherías a la habitación, han sido solo algunos.

Recuerdo que había dos cosas que me encantaban, una era correr cuando ella nos avisaba sobre la presencia de algún toro bravo pastando; y otra, acompañarla a Roncesvalles a rezarle a la Virgen a la que tanto quiso. Ella siempre tuvo la esperanza de que me enamorara de algún peregrino que iniciaba su particular camino a Santiago, sin embargo yo andaba más preocupada en descubrir cómo les salían las patas a los renacuajos de las charcas.

La amatxi nos cuidó, nos protegió, nos enseñó y nos amó profundamente. Éramos sus txikis: Estanis, Verónica, mi madre, Amaia, yo y, en estos tres años que llevo en Pamplona, he descubierto que muchas otras personas a las que apoyó a lo largo de su vida, personas que estos días han venido a abrazarnos y a contarnos lo que significaba para ellas.

Ayer le dije a una de estas personas -una muy especial- que no sé cómo aceptar la idea de no volver a verla. Ella me dijo que mi amatxi estará siempre conmigo, aquí en el corazón.

Es cierto, no podré abrazarla ni verla reír, no volveré a oír cómo me llama kutxún mientas se le ilumina la cara, ni podré compartir mi día a día como llevo haciendo, junto a mi madre, estos últimos tiempos; pero sí podré sentirla aquí, junto a Dios, llenándome de valor e ilusión para afrontar la vida como lo hizo ella.

Así que hoy no te voy a decir “agur”, para mí esto es una bienvenida, una llegada al lugar donde vive lo mejor de mí misma, un espacio en el que ya no hay sitio para el miedo. Para mí hoy esto es un:

Kaixo amatxi.”

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