supercocoEstoy colapsada.

He llegado hace unas horas de Barcelona y, como en mi casa la nevera era lo más parecido a un valle de lágrimas, he corrido veloz a casa de mi abuela para comer caliente.

Cuando me disponía a salir para robarle a la tarde tres horas de estudio antes del fatal examen, el sofá me ha interceptado el paso y he caído rendida ante sus encantos. Unos minutos han sido suficientes para levantarme con un terrible dolor de cabeza y de culpabilidad.

Después, autobús y biblioteca.

Y aquí estoy, escribiendo –como diría mi madre- un cuentico. Conste que lo he intentado pero el tema 11 de Genética Clínica me ha mirado con cierta hostilidad provocando a mi dolor de cabeza y, recordando una frase que me han dicho cariñosamente cuando me disponía a comer, he decidido cuidar de mí misma y asumir, con toda la humildad con la que me enseñaron, el suspenso de esta tarde.

Pero mi rendición no acaba aquí, además haciendo acopio de mayor docilidad todavía, he reconocido que soy incapaz de engullir en un fin de semana todos los contenidos necesarios para aprobar otra asignatura: Fisiología Animal, que, aunque mi preferida, está resultando la menos maría de las asignaturas que he estudiado en toda esta vida de estudiante.

Hace unos días hablaba con mi terapeuta y en un momento de la conversación en la que imagino que yo –una vez más- lo hacía en plan Superman, me dijo: -mira Oihana, a lo sumo Supercoco.

Y es que cada año, en esta época de exámenes, me pasa lo mismo: presión, autoexigencia, ansiedad, estrés, frustración, cambios de humor y finalmente… mucho malestar. Todo por un cúmulo de horas de estudio, trabajo, falta de ejercicio y una terrible necesidad de estar a un nivel, ¿cuál?. Pues ni yo misma lo sé, uno que debo de considerar muy respetable y en el que pretendo verme y mirarme. No sé si es la vanidad o la estupidez, o quizá ambas, las que me llevan de la manita, pero siempre termino soltándome con violencia para salir corriendo en dirección contraria.

Supercoco con alma de Superman, siempre pensando que puedo más de lo que en realidad puedo. Sin embargo, ¿acaso no es esa inquietud la que me lleva a crecer?¿No es por esa misma razón por la que estoy en la Universidad? ¿Por la que me implico en nuevos proyectos laborales y personales? Reconozco que mi capacidad para autorregularme es nefasta, siempre necesito ver el precipicio de cerca para darme la vuelta. Eso sí, cuando la doy, aunque sea muy “enfurruñada”, me siento mucho más fuerte para volver a empezar.

Lo difícil no es dejar de tomar –decía mi grupo- lo difícil es vivir sin tomar. Y es que si uno se deja poseer por el super héroe de turno demasiado tiempo, terminará creyéndose capaz de volar.

Y ahora os dejo, voy a quitarme la capa y a suspender un examen.

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