No sé vosotros pero a mí me llegan a decir hace unos añitos que pasara un jueves universitario sin beberme una caña porque era el día mundial sin alcohol y me parto de la risa.

Hoy, sin embargo, pienso en todas esas personas que, solo imaginar sus próximas 24 horas sin beber, se ponen del revés. Y es que en Alcohólicos Anónimos así es como se consigue no volver a probar el alcohol: “solo por hoy”. Eso es lo máximo a lo que podemos aspirar sin beber cuando decidimos dejarlo. Y, cuando llega el día siguiente, el “solo por hoy” vuelve a empezar.

Me pregunto para qué sirven “los días mundiales sin…”. Yo jamás he sido capaz de cumplir un día mundial sin coches, día mundial sin tabaco, día mundial sin compras, … (?). En realidad, no he sido capaz de pasar un día entero pensando únicamente en una cosa que me haya sido impuesta. Solo en una ocasión decidí enfocar mi pensamiento en aquello que decidieran los demás por mí.

Mi foco estuvo durante muchas 24 horas seguidas en no volver a tomar ningún tipo de droga. Para no distraer mi atención de esa importantísima misión mía, debía dedicar mi tiempo a una rutina idéntica cada día. Los fines de semana no existían, la opción de quedarme en la cama cinco minutos más pasadas las 7.00h tampoco. Si mientras desayunaba me venía a la cabeza el alcohol debía llamar inmediatamente a un compañero, si lo que me venía era el impulso de volverme a la cama, debía llamar también a un compañero. Pensara lo que pensara debía hablarlo en terapia pues detrás de cada uno de estos pensamientos estaba la voluntad de beber y solo la del grupo era capaz de imponerse sobre ella.

Un día en aquellos tiempos resultaba interminable, colmado de llamadas de auxilio, obsesiones y -por qué no decirlo- risas histrionicas.

Y, por otro lado, qué feliz me sentí en ese tiempo. Todo tenía un sentido: debía levantarme de la cama para no tomar, ir al gimnasio para no tomar, hacer maqueta o puzzle para no tomar, comer sin aceitunas para no tomar y hablar en terapia para seguir sin tomar. Un día tras otro durante dos años. Todo el sentido lo daba eso: no tomar la primera copa.

Desde que mis días son como los tuyos, resultan un poco más complicados, pues debo tomar decisiones a diario (ya ningún terapeuta las toma por mí), me enfrento a mis propios errores obligándome a mejorar y tiendo a olvidarme de la humildad que en su momento hizo de mí mejor persona.

Eso es lo que ocurre, uno entra en el tornado de la vida normal y el sentido parece difuminarse hasta que tal día como hoy, en el que se celebra un no al alcohol, me hago consciente de que no resulta difícil cumplir por una vez con un “Día mundial sin…”.

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