Si hace unos años me llegan a decir que iba a levantarme un domingo para correr con mi madre en una carrera solidaria, me hubiera quedado mirando al interesado con mi mejor mirada de desprecio; no me hubiera reído porque, por aquel entonces, no sabía hacerlo.

Pero, como hoy todo es diferente, ahora estoy sentada en el sofá viendo a Jordi Évole en #desobedientes con unas agujetas fantásticas.

Esta mañana, mi madre y yo hemos participado en la Carrera Solidaria contra el Cáncer de Mama y ha sido maravilloso. Estábamos las dos nerviosas porque no sabíamos si el nivel iba a ser tan alto como para quedar las últimas y ambas, reconozcámoslo, somos un poquito presumidas.

Sin embargo, cuando hemos llegado, había muchísimas personas -todas vestidas de rosa- algunas pequeñas y otras mayores; andando, corriendo, en patines o sillas de ruedas; perros con dorsales, amigos y amigas. El clima era de lo más emocionante, yo he pasado más de treinta minutos con la piel de gallina, y no solo porque hacía un frío atroz, sino porque todo lo que nos rodeaba era pura vitalidad.

Mi madre sonreía y yo me sentía muy feliz.

Cuando llegaba al tramo de la carrera que correspondía a la famosa calle Estafeta, he observado que los barriles que la decoran, estaban sirviendo de apoyo para aquellas gentes que disfrutaban de su aperitivo, ese tan preciado en esta ciudad. Mi primera sensación ha sido de vergüenza; resulta que cuando yo estaba en ese lado, solía reírme de los runners que veía por la mañana cuando yo todavía no me había acostado.

La gorra me tapaba la cara y al pasar los he mirado de reojo, todos nos sonreían, orgullosos y contentos, casi con empatía, mientras aplaudían al ritmo de nuestras zancadas. Entonces mi subidón ha sido tal que he acelerado el ritmo y con él mis pulsaciones.

Las horas posteriores han estado protagonizadas por una sensación muy fuerte de pertenencia, de unión a tantas otras personas que estaban allí porque, como nosotras, saben que todo se puede superar con mucha fuerza e ilusión. Porque, aunque el corazón se agite de forma descontrolada y el aliento quede oprimido a causa del cansancio, el amor por la vida es tan enorme que siempre es posible llegar a la meta.

 

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