Hoy ya estoy como nueva.

Con lo bien que me sentaría ahora -que ya he descansado- contar con un día más para poder disfrutar de la vida con pilas. Las dos últimas semanas he andado literalmente “en reserva”. La vuelta al ritmo habitual, después de un verano fantástico, se ha cobrado sus primeras vidas: las de mis neuronas.

Ya sabéis que suelo referirme a ellas en muchas ocasiones; pero es que se manifiestan constantemente. Algunas veces lo hacen para darme maravillosas alegrías, pues se muestran saludables y desbordantes de recursos; otras, sin embargo, se dedican a frustrar todos mis intentos por estimularlas.

Esta semana las niñas y yo nos encontramos en el segundo caso. Se han pasado todo el tiempo diciéndome cosas del tipo:

– No puedes.
– No sabes.
– No llegas.

Y también del tipo:

– Has engordado.
– Llevas las raíces negras.
– Tápate las ojeras.

Comprenderéis que, ante tanto optimismo, mi médico haya optado por la química para espabilarlas -o engañarlas- un poco… ¿o no?.

Es cierto que la época no está siendo la mejor del mundo, se han juntado cosas: trabajo, estudios, enfermedad, … y demasiada distancia de la que considero mi casa. Sin olvidar, uno de los motivos frente a los que, mis cínicas células nerviosas, tuvieron los tres primeros comentarios. Me estoy refiriendo al seminario de Genética Molecular Humana que dimos Arantxa y yo el viernes. Mis compañeros sabrán de qué hablo porque estuvimos dando el “coñazo” durante dos semanas.

Pero se acabó. Y, aunque yo sé que no fui capaz de darlo todo -pues “todo” no vivía esos días conmigo- me sentí satisfecha de haber podido, junto a mi compañera, sacar adelante un tema del cual no teníamos ni idea y, de hecho, no supimos pronunciar en toda la exposición…(!).

Sé que mis neuronas, la mayoría de las veces, me mienten; lo aprendieron a hacer muy bien cuando debían inventarse excusas para obligarme a consumir. Pero, también sé -y eso siempre predomina- que tengo unos compañeros en la Universidad que se dedican a discutir cada una de sus mentiras.

Este post es para ellos. Un millón de gracias por estar el viernes.

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