La Fnac siempre me ha seducido. Antes era un gran recurso para pasar el tiempo sin pensar en que no hacía nada “de provecho”. En vez de ir a una biblioteca y tener que soportar a aquellos extraños y silenciosos estudiantes, me perdía entre los pasillos de libros, me hacía con uno y me enchufaba a esos aparatosos auriculares para escuchar los últimos lanzamientos.

Esta mañana he vuelto. Todo parecía distinto. La presencia de Apple resultaba tan cautivadora que ni siquiera he ojeado las infinitas estanterías de libros que decoraban la superficie. Al ser agosto, allí solo estábamos los vendedores y yo, por eso he decidido que debía darme prisa en resolver el encargo que me había hecho mi madre. No me gusta que me observen y, menos todavía, que me persigan de lado a lado como hacían cuando tomaba.

Una vez conseguida la Octaba Maravilla y dispuesta a irme ya, la inercia me ha llevado a la sección de música y, cuando he visto la carátula de “The Blue Nile”, un remolino de emociones me ha golpeado en la boca del estómago. Generalmente las lagunas mentales me protegen de situaciones como estas. Sin embargo, hay ocasiones en las que pequeños estímulos como un color, olor, sonido, sonrisa o gesto hacen que la realidad caduca se presente y me suelte un bofetón como aquellos tan propios.

En este caso, el recuerdo rescatado bien podría ser uno de los que inspiró la creación del panel derecho de la gran obra de “El Bosco”… Cuestiones sórdidas que no hace falta que describa en una época en la que el Reality Show ya cubre esta demanda. En cualquier caso, creo que sí podéis imaginar que cuando la imagen de uno mismo aparece así de repente, desvelando una verdad oculta u olvidada por su fealdad, la desazón y zozobra hacen que pierda un poquito el contacto inmediato con su entorno.

Menos mal que estaba la chica de la caja insistiendo en que me hiciera el carné de socio Fnac y he vuelto a nuestra realidad.

Cuando llevaba poco tiempo en recuperación no entendía por qué mi vida debía reducirse al ejercicio físico, producción de puzzles, terapia y buena alimentación. Resultaba incomprensible que una inofensiva salida a la Fnac o cualquier otro establecimiento comercial pudiera convertirse en un inoportuno síndrome de abstinencia. Mis compañeros de menos tiempo no leerán este post porque el ordenador es algo prohibido durante algún tiempo, sin embargo, a vosotros os digo que esta mañana mi pasado me ha atropellado, ha hecho pupa y, solo gracias al tiempo que ha pasado, ha curado.

Os dejo la canción que me ha recordado el lugar de donde vengo y al que no quiero volver.

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